¿Es la cantidad de dinero que se gasta en el mundo en perfumes?... ¿Es el total, en premios, que lleva entregado el programa de Susana Giménez?... Ojalá. Es la cantidad de hambrientos que hay en el mundo. Tan calentita la cifra como la temperatura corporal que levantamos cuando la leemos.
Siempre pensamos, y lo seguiremos haciendo porque nadie nos demuestra lo contrario, que no sentimos inseguridad por generación espontánea. Estamos convencidos que resulta ser el producto de una sociedad caracterizada por la desigualdad y la exclusión social. Evidentemente en aumento, si nos atenemos al numerito que encabeza esta nota.
Algunos gobernantes y políticos pueden esgrimir la corrupción policial, la ineficiencia del sistema, la falta de recursos para ampliar las medidas de seguridad y otros bla bla. Pero cae de maduro que el deterioro y la mala implementación de la economía, lleva a la frustración social, la cual es generadora de una cultura de violencia. Y en esto, la mayor responsabilidad le caben a las (malas o inexistentes) políticas de gobierno y a los integrantes del sistema jurídico quienes parecen mirar para otro lado a la hora de aportar soluciones.
Es claro que si una medida de gobierno tiende a proteger a los pueblos y ciudades de las carencias, el desempleo (y no estamos hablando de planes trabajar u otros por el estilo), la falta de vivienda, el analfabetismo, la falta de justicia y la
¿Y las respuestas de nuestras autoridades a estos problemas?.
¿Se está haciendo algo verdaderamente eficiente?...
No nos engañemos. Las disposiciones policiales, las ordenanzas municipales y las reformas penales pueden paliar el problema, pero no lo van a resolver.
El crecimiento de la inseguridad está en directa proporción al crecimiento de la población marginal (lea de nuevo la cifra del título), y esto se vincula inseparablemente con un deterioro social del que muchos no terminan (o no quieren) tomar conciencia.
desintegración social, finalmente las protegerán también del delito y la violencia.
¿Acaso se puede negar que la exclusión social y el individualismo económico generaron en nuestras sociedades las poblaciones villeras o como se les llame?.
Un montón y medio de "inútiles para nada" caracterizados por la precariedad, la inseguridad del mañana y el miedo. Sectores mas o menos desposeídos que atacan a sectores de la clase media y alta, sin hablar también de la violencia generalizada entre los propios pobres y excluidos sociales.
No cabe duda de que la modalidad delictiva y sus consecuencias, están trayendo cambios importantes en el paisaje y en las costumbres cotidianas.
En muchas de nuestras ciudades, el temor a la violencia ha desmotivado a las personas a utilizar colectivos, las calles y los espacios públicos. El temor al delito y a la violencia atrapa a las personas en sus hogares. Y los que pueden, se refugian en esos lujosos campos de concentración para elegidos llamados countries o barrios cerrados.
Lic. Carlos Bocca